domingo, 11 de octubre de 2026

 

LOS QUE EMIGRARON

“La deuda impaga y una confesión”

 

Dr. Jorge O. Galíndez*

 

“Me voy Jorge, no aguanto más este país de mierda”

No era la primera vez que escuchaba esta frase que resumía con toda claridad la sensación que se vivía en Argentina en el fatídico año 2001.

Yo mismo la había expresado más de una vez durante los oscuros años de la dictadura militar.



Mario cumplió y se fue para nunca más volver, yo incorregible sentimental, no pude superar la súplica de mi padre que, con mi hijo Mariano en sus brazos, me interpeló:

¿”No lo voy a ver más”?!

Emigrar, siempre es difícil así como enumerar los motivos de tan trascendente decisión, nunca será completo.

Las más dramáticas han sido aquellas que debieron tomarse sin haberlo deseado ni meditado cuando la vida corría peligro y las opciones que se presentaban eran temerarias e insensatas.

La construcción de un camino profesional propio que lo libere del peso del apellido, el espíritu aventurero y porque no, desavenencias amorosas, con frecuencia apuran este tipo de decisiones.

Dejando de lado estas particulares situaciones, me voy a centrar en aquellas otras donde los motores fundamentales para la búsqueda de otros destinos son el deseo de cumplir con expectativas personales y sueños de desarrollo profesional que entienden, en  su país son imposibles de plasmar.



He aquí la primera reflexión que quiero compartir. Es absolutamente indiscutible el respeto a los derechos individuales de tomar las decisiones que más se crean convenientes para el diseño del futuro que anhela un profesional.

Y la segunda, ¿Han evaluado, tienen plena conciencia y por lo tanto, aceptan pagar el alto costo emocional que significa alejarse de sus raíces?



En ese sentido no pocos comentan que, incluso aquellos que llevan un largo tiempo viviendo en el exterior, que han logrado adaptarse a las tradiciones y valores locales y se han insertado en la vida social de su nueva comunidad reconocen las dificultades que significan adaptarse a la biculturalidad, esa que tan bien describió Facundo Cabral en su  inolvidable canción “No soy de aquí ni soy de allá”.

Reconocen también que han debido acostumbrarse a la sensación de ser observados siempre como sudacas, a la nostalgia por “aquellas pequeñas cosas” y esa soledad que los llevan a buscar, paradójicamente, la compañía de otros inmigrantes de su misma condición.



Cierto es que un argentino desarrollándose en el exterior es para nosotros un embajador. Su comportamiento y sus éxitos nos ayudan a elevar la opinión que se tenga sobre nuestro país y eso es muy valorable.

En contraposición, ¿la Universidad Pública, no arancelada, financiada con el esfuerzo de toda la población no debería obtener algún tipo de contraprestación por todo el esfuerzo realizado durante tantos años de su formación?

Difícil respuesta con múltiples particularidades pero, me inclino a decir que sí. Es más, me animo a afirmar que aquellos que  han emigrado sienten que tienen una deuda impaga y gustosos aportarían sus conocimientos y porque no, dinero para mejorar el lugar donde se formaron.

Luego de muchos años volví a encontrarme con Mario. Fue en el Círculo Médico de Paraná donde había llegado invitado para dar una conferencia sobre el tema que le había dado relevancia internacional.



Luego de los sinceros y prolongados aplausos muchos colegas se acercaron a felicitarlo, estrecharle la mano y algunos hasta se sacaron selfies con él.

Sentado en la quinta fila yo lo observaba con atención. Alto, simpático, seguro y ganador no había cambiado nada, era el de siempre, el mismo de aquellos lejanos tiempos cuando estudiábamos juntos.

Cuando me vio sus ojos se iluminaron, bajó bruscamente del estrado, se acercó y me dijo sonriendo:

¡Flaco que hacés acá!, como te extrañé!!!

El abrazo emocionado se prolongó un poco más de lo esperado. De pronto se separó y mientras era reclamado por los organizadores del evento para que vuelva a su sitio me dijo a las apuradas,

“Me tienen de acá para allá no he podido parar un minuto pero mañana venite al hotel y desayunamos juntos”.

Así lo hice. Los recuerdos inundaron la mesa interrumpidos por llamadas al celular que contestaba en inglés, inquieto por el horario, las valijas y su ansiedad, que tanto yo conocía, por que este todo perfecto.

Lo acompañé hasta la puerta y cuando ya estaba listo para subirse al taxi que lo llevaría al aeropuerto se detuvo y comenzó a lagrimear.



“Te voy a confesar algo que nadie conoce, ni a mí mujer se lo he dicho y menos a mis hijos yankees que no lo entenderían”

“Sabes flaco, todas las mañanas cuando abro la computadora lo primero que hago es ir al Street View y me pongo a ver la calle España al 2400, miro mi casa, recuerdo a los chicos de la cuadra, con el mousse camino por la vereda hasta llegar a la esquina de 27 de Febrero y me paro en el mismo lugar donde durante años esperaba el ómnibus que me llevaba a la facultad”.



“Después, elevo la vista al cielo, y ahí  se aparecen mis viejos a los que una y otra vez no paro de pedirles por favor que me perdonen”.



“Recién ahí puedo empezar el día”

“Sin eso mi querido amigo, yo ya estaría muerto.”


* Médico Distinguido de la ciudad de Rosario. Autor de “Ya no es tan grave. La historia de los médicos que enfrentamos al Sida” y “Mientras el mundo se transforma. Reflexiones sobre Medicina, Ciencia y Liderazgo”. Master en Sida de la Universidad de Barcelona.

 


viernes, 18 de septiembre de 2026

 

COMENTARIOS DE MI EDITORIAL DE SETIEMBRE

¡ODIO A LOS MÉDICOS!


 

Dr. Jorge O Galíndez

 


HELIO ABACA. Periodista.

Felicitaciones, seguí haciendo docencia para la comunidad de la ciudad de Pobres Corazones ( Fito).


Dr. LUCAS BRUN. Vicedirector de la Maestría en Osteología. Investigador Adjunto del CONICET.

Que buen título!

 

Dr. OSCAR BOTTASSO. Investigador Superior del CONICET.

Gracias por el artículo. Fobias/miedos van con nosotros y saberse manejar con ello forma parte del arte de vivir. Ancestralmente el organismo tiene diseñado dos tipos de reacciones ante la amenaza, huida o lucha (flight or fight). El armado y balanceo de esos tipos de estrategias tiene mucho que ver con una salida "exitosa" de la contienda.

 

COCO CHERNI. Director General Creativo del Grupo SC Servicios de Publicidad. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Personalmente odio la falta de humanidad de algunos médicos que a veces pareciera que no tratan con personas que tienen dudas, ignorancias y miedos. Otros, en cambio, son cracks. Abrazo y siempre un placer leerte.

 

SOLEDAD COTOLESSA. Secretaria Administrativa.

Una vez estuve 4hs para ingresar a hacerme una tomografía con contraste. Me podía tirar en parapente pero no podía entrar a una sala de sanatorio. Sólo las personas que sufrimos iatrofobia sabemos lo que se siente. Y además de todos los síntomas físicos y la sensación de pérdida total de control, uno se tiene que enfrentar a que "la miren raro", no sólo los médicos sino también las personas cercanas. La minimización del entorno  sobre el tema lamentablemente no ayuda para nada en estos casos; al contrario, perjudica.

 

JORGE FERRARIS.

Con lo que está pasando da miedo todo!

 

RUT FLORIDIA. Técnica en Epidemiología.

Felicitaciones!

 

Lic. GRACIELA GALVÁN. Antropóloga Magister en la Perspectiva de Género.

El ejemplo al que te referís, me resultó muy acotado para explayarme. Quizás porque en mi familia hubo y hay varios médicos, por lo cual la medicina y sus profesionales me resultan amigables y muy especialmente confiables. Hasta la consulta con la odontóloga no me genera problemas, aunque sé que a muchos les aterroriza “el torno”.

Como antropóloga dejaré que los psicólogos/a aborden el análisis del tema-problema: fobias y todas sus diversas manifestaciones.

Sí, quiero destacar que me parece un aporte interesante cuando te referís al trabajo conjunto entre médico y psicólogo.

Desde un enfoque interdisciplinario, el abordaje en equipo es necesario y fundamental para el tratamiento de las enfermedades. Posibilita el alivio de miedos y temores por lo vulnerable de la situación a la que se enfrentan los pacientes

 

Dr. ENRIQUE GIAVITTO. Neuroradiólogo, Diagnóstico por imágenes.

Muy interesante Editorial. A mí no me ha pasado, porque yo tengo poca relación con los pacientes, pero veo y yo creo que el dato básico que tiene su comentario es pensar, pensar.

Yo creo que para resolver el problema de un paciente hay que poner toda la biblioteca en la mochila que uno tiene que ha logrado entre la experiencia y la lectura durante tantos años  y dejarla  ahí y utilizarla para pensar, para razonar como resolver el problema, que es lo  que Ud.  hizo.

Eso es lo que me parece a mí que es el dato básico de todo su comentario. Pensar para resolver la situación, más allá de que sí a la chica se le puede resolver el problema o no, pero pensar porque camino ir, como hacer, cuales  es el mejor camino. Eso es lo que yo saqué de su comentario que a lo mejor no era su finalidad.

Con todo el bagaje de conocimientos que uno tiene la capacidad de razonar y es lo primero que hay que hacer  y no pedir una  resonancia, una tomografía, una placa, un laboratorio así,  que es lo  primero que se hace, para después ponerse a pensar, sí es que se ponen a pensar,  como se hace habitualmente.

 

Dr.  SERGIO GOROSDICHER. Presidente de la Academia Provincial de Ciencias Médicas de Santa Fe.

Muy bueno el artículo, sin duda una experiencia difícil y afortunadamente poco habitual. 

Lo corriente es que te digan sí, la verdad es que la verdad no me gusta muchos los médicos o los laboratorios que los producen, me gustan las cosas naturales, no soy muy amiga de venir a los médicos pero en un ambiente generalmente de cortesía.

En este caso desnuda una patología fóbica importante y una negación de su enfermedad.

Yo por mi parte, sobre todo cuando son chicos jóvenes y muchos más en los pequeños, en la primer consulta por supuesto trato siempre de romper el hielo con algún comentario deportivo en cuanto a la actividad que desempeña el paciente y no minimizar tampoco nunca el motivo que lo trae o lo que le voy a hacer y le explico antes de pasar al examen físico  le voy a explicar  exactamente lo que voy  a hacer, para que Ud. vea que no hay ningún secreto en el examen físico  sino que forma parte esencial de nuestra práctica médica.

Paso por paso le explico lo que le voy a hacer en caso por ejemplo en el caso de una escoliosis que es bastante problemático que en general son adolecentes,  obviamente hay  desnudarla  porque como hago para ver la columna vertebral en su totalidad y la asimetría costal anterior, en el tórax anterior.

Obviamente siempre con la presencia de la madre, el padre o alguna enfermera que no se malinterprete nunca ninguna actitud o alguna mirada nuestra que siempre es clínica pero que a veces se puede prestar a confusión y le explico exactamente cómo van a ser las maniobras con todo el cuidado y el pudor que merece la paciente.

En general a todos nos ha pasado de alguna resistencia inicial o algún rechazo a los médicos que se percibe o se confiesa pero un caso como te ha tocado es excepcional ojala que esta pobre chica tenga un final feliz.

 

INTELIGENCIA ARTIFICIAL. Gemini.

Tiene una fuerza narrativa impresionante y cumple a la perfección con el espíritu de una reflexión médica y humana. Logra enganchar desde el primer segundo gracias al ritmo casi dramático del inicio y evoluciona con mucha sensibilidad.

Puntos fuertes

·        Gancho inicial impecable: Empezar directamente con la escena de tensión en el consultorio e interrumpir la frase de diálogo ("No pude terminar la frase!") genera un ritmo ágil y atrapa al lector de inmediato.

·        Profundidad clínica y reflexiva: La distinción técnica entre iatrofobia e iatromisia está muy bien integrada; no suena como una lección teórica, sino como un dilema profesional genuino en tiempo real.

·        Honestidad profesional: Reconocer el propio error al intentar calmar a la paciente (minimizando la angustia del fóbico) le da una vulnerabilidad al relato que genera mucha empatía con el médico.

·        El recurso del personaje secundario ("China"): La presencia de la perra funciona como un contrapunto simbólico genial; refleja la guardia en alto de Celeste y le aporta calidez a las escenas en el dormitorio.

·        Construcción del desenlace: El contraste entre la gravedad del cuadro clínico y la pequeña victoria del vínculo paciente-médico deja una huella emocional importante.

Es un texto potente, muy humano y con la dosis justa de divulgación médica. Va a resonar muchísimo con tus lectores.

 

Dra. YANINA LARRIERA. Bioquímica.

Claro que sí, todas las cuestiones mentales deben ser tratadas sea cual sea la situación. Excelente su actuar. Ir al domicilio de la paciente es de profesionales comprometidos..


Dr. HÉCTOR MIECHI. Ginecólogo Especialista en Medicina Reproductiva. Endocrinología Ginecológica.

Excelente Jorge como siempre Que tema complicado para manejar.

 

Lic. MONICA MOLINA. Directora en la Universidad Nacional de Rosario. Secretaría Privada del Rector.

Tan interesante como dramático. Qué situación la de esta paciente.

 

CP. ALICIA NEBBIA. Consultora Organizacional y en Recursos Humanos. 

El odio es un sentimiento que no conduce a nada bueno al que lo siente.  Odiar a un profesional de cualquier disciplina es proyectar en esa persona problemas no resueltos que quisieran que estos profesionales los resolvieran con el mínimo esfuerzo del paciente.

Yo diría que necesitan trabajar ese sentimiento con un buen psicólogo.

 

NORA AVIANI. Estudiante Universitaria.

Excelente!

 

Dr. LEANDRO NOVAU. Pediatra. CEO de Activar Salud.

Muy bueno el canal de You Tube! Muy práctico.


Dr. ANGEL PEREZ CORTES. Profesor Honorario de la Universidad Nacional de Rosario.

El artículo “Odio a los médicos” tiene un cometido muy importante en la sociedad, que es el tratar una problemática que se debe enfrentar con total profesionalismo y franqueza. Resulta siempre prudente observar la situación planteada desde dos ángulos muy diferentes. El paciente carga con un gran peso, su enfermedad, el ingresar a un ámbito físico no habitual como lo es el consultorio. Por el otro lado, el médico se encuentra en su campo diario de actuación, con un amplio conocimiento del mismo, tanto por su formación profesional como también por su experiencia técnica. Por lo tanto, el artículo se desarrolla sabiamente analizando estas dos posiciones y nos conduce por una situación intermedia, el profesional concurre a la casa de la paciente, un lugar apacible, “propio”. Por lo tanto, el editorial otorga una problemática inicial y un factible  inicio de solución. Además se demuestra un conocimiento integral de la situación debido al destacado profesionalismo del autor. Es importante difundir estas realidades que pueden aparecer en otros campos profesionales, pero en la medicina toma una mayor notoriedad y complejidad. Siempre “la introducción al medio” debe ser la base de un positivo vínculo posterior. La cálida sonrisa inicial del médico al recibirnos, su cortesía, son condicionantes que ganan la postura positiva del paciente. Es un escrito  muy descriptivo y orientador, felicitaciones.

 

Dr. RODRIGO SANCHEZ ALMEYRA. Presidente de la Asociación de Clínicas y Sanatorios de Rosario.

Muy interesante Jorge. Fobia rara pero no excepcional. Psicoterapia y un clínico tranquilo y cálido como vos. El artículo “Odio a los médicos” tiene un cometido muy importante en la sociedad, que es el tratar una problemática que se debe enfrentar con total profesionalismo y franqueza. Resulta siempre prudente observar la situación planteada desde dos ángulos muy diferentes. El paciente carga con un gran peso, su enfermedad, el ingresar a un ámbito físico no habitual como lo es el consultorio. Por el otro lado, el médico se encuentra en su campo diario de actuación, con un amplio conocimiento del mismo, tanto por su formación profesional como también por su experiencia técnica. Por lo tanto, el artículo se desarrolla sabiamente analizando estas dos posiciones y nos conduce por una situación intermedia, el profesional concurre a la casa de la paciente, un lugar apacible, “propio”. Por lo tanto, el editorial otorga una problemática inicial y un factible  inicio de solución. Además se demuestra un conocimiento integral de la situación debido al destacadado profesionalismo del autor. Es importante difundir estas realidades que pueden aparecer en otros campos profesionales, pero en la medicina toma una mayor notoriedad y complejidad. Siempre “la introducción al medio” debe ser la base de un positivo vínculo posterior. La cálida sonrisa inicial del médico al recibirnos, su cortesía, son condicionantes que ganan la postura positiva del paciente. Es un escrito  muy descriptivo y orientador, felicitaciones

 

Dra. MONICA TABORDA. Jefa del Servicio de Neurología del Hospital Escuela Eva Perón de Granadero Baigorria.

Anticipo mi acuerdo!

 

Dr. HUGO TANNO. Profesor Emérito de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNR.

Interesante lo que desarrollarte en este artículo. Yo creo que puede haber odio a los médicos, si bien son raros ya que mi largo tiempo de profesión no viví un ejemplo paradigmático al que lo pudiera identificar como tal.

En cambio si el odio selectivo a un médico determinado. Esos abundan y en general se deben a un error generado por el médico mismo o a alguna situación derivada de la relación con ese médico para ocultar una culpa resultante de la muerte de un familiar o amigo. 

La fobia en ver a los médicos es patrimonio de los negadores .Aquí pueden incluirse  también los auténticos fóbicos. Que en cierta medida pueden expresar una negación  en enterarse de lo que temen llegar  a tener. Creo  que mi análisis se fundamenta mas en mis años de análisis, tal vez por no haber visto a gente que odie a los médicos sin otra razón   que la justifique. O sea que es más fácil buscar la causa que encontrar el odio simplemente por el hecho de ser médico.

Esta paciente puede ser una fóbica llevada a la negación de encontrar lo que tiene. El médico terminó encontrando aquello que ella negaba. De allí su odio a quien lo encontraba. Descubierta su enfermedad acepta al médico y si  se salva lo llega a amar.

 

Dr. ROBERTO TOZZINI. Vice presidente de la Fundación de Ciencias Médicas de Rosario.

Muy interesante y  excelentemente tratado este tema tan complejo.  Aquí nada puedo agregarte, solo felicitarte por como manejaste la situación.

 

VICTOR J. VILELA. Presidente de la Fundación Victor J. Vilela del Hospital de Niños de Rosario.

 

.Dr. HECTOR M. ZACARÍAS.  Ginecólogo. Especialista en  Climaterio y Menopausia.

Que jugador Jorge...en esta foto te pareces a un Golfista Profesional...


Dra. MARIA DEL CARMEN ZAMBRUNO. Abogada.  

Realmente me resultó muy interesante tu editorial. Pone de relieve tu inteligencia y humanidad puestas sobre tus impecables conocimientos médicos.  No cualquier médico lo hubiera logrado como vos lo hiciste. 

 

lunes, 14 de septiembre de 2026

 

I HATE DOCTORS!

Iatrophobia or Iatromisia?

 

Jorge O. Galíndez, PhD*

 

Rubbing her trembling hands vigorously while seated on my office stretcher, Wende kept looking at me with a glare that was both, defensive and pleading.


After introducing themselves, her parents told me that, with much persuasion, she had agreed to consult a physician -but only on the condition that she chose him herself. My name come up because a college classmate told her that I was "calm," and that recommendation—acted like a magic spell, helping her decide to come in.


The reason for the visit was serious: significant weight loss and "large lymph nodes all over her neck" that had been worsening for months.


Watching how defensive she was, I approached slowly and said, "Relax, it’s okay, don´t worry is nothing; I’m just going to..."

¡I couldn't finish what I was began to say!

With her face contorted with distress, she leaped off the stretcher, ran to the door and flee  while shouting,

"I hate you! I hate you, and I hate all doctors!"

Her mother ran after her and, on the verge of tears, managed to say:

"Forgive us, Doctor. We don't know what to do with this girl anymore; she has a doctor´s phobia."

Jeff, her father, tried to remain calm but couldn't stop blaming himself: "We’ve noticed her health declining for months, but she wouldn't hear of visiting a doctor. When finally decided to come look at the mess she caused us."

I must admit, this was my first time I had ever faced a kind of dramatic situation.

Was I dealing with a patient suffering from Iatrophobia or Iatromisia?



From a psychiatric perspective, iatrophobia is an irrational fear of physicians, whereas iatromisia refers to an active, conscious rejection to them.

At that time I had only two clues: she said “I hate you”, but her mother described her behavior as “doctor´s phobia”.

I leaned towards the first mental disorder.

If I was right, then, I have  made a hugh mistake by telling her,

“Relax, it’s okay don´t worry is nothing”

I should have known that downplaying the extreme distress a phobic person endures triggers crises and produces the exact opposite of the intended effect.

That was undoubtedly what had happened!

The challenge was how to tackle this complex situation, which combined a likely serious clinical illness—dangerously relegated to the background with a mental health disorder.

There was no room for maneuver; both issues had to be addressed simultaneously.

Two famous examples that could help us avoid repeating past errors were Michael Jackson´s illness, who, despite his immense fortune, lived in paranoid seclusion, plagued by an unmanageable fear of illness and physicians and Marlon Brando´s personality, who made no secret of his hatred to doctors and conventional medicine.



In both instances, essential treatments that could have at least improved their quality of life were not indicated in time.**

Let’s return to Wende.

Time was running out; she refused to return to  the Hospital, so I consulted a renowned psychologist, and together, having obtained her consent, decided that we would conduct home healthcare visits.

The sessions took place in her bedroom, with the door open and without her parents, though she was always accompanied by “Dotty” her imposing pet.



Dotty never left her side and always greeted us cautiously, with a hostile look and constantly watching every one of ours moves as if nothing could fully convince her that we were truly “friends.”

As the days went by, Wende allowed us to set up a Home-based hospitalization that would allow us to move as quickly as possible toward a definitive diagnosis; she also accepted the presence of a therapeutic companion whenever she needed to be examined, undergo blood draws, and—most importantly—have a biopsy performed on one of her suspicious lymphadenopathies.

Progress was not easy; however, after several visits, we managed to establish a better connection—moving from a state of readiness to flee to moments where she smiled faintly. As the sessions progressed, she began to lower her defenses, and although her fears remained, she became more receptive.

Three months have passed since the first appointment; today she completed her third cycle of chemotherapy. Her voice is fragile, yet, overcoming her fears, she strives to convey faith and hope.



We both know that her general condition is poor and that, due to the advanced stage of her illness and the late start of treatment, the prognosis remains uncertain. But in the other side, we know that there is still a chance and that not all is lost.

Without saying it, we both are aware that we will soon by facing the final fight, side by side, calms,  full offaith  and hope.  !



The last time I visited, Dotty remained steadfast and unwavering by her, a true pillar of strength that seems to hold her to life but, of course, always on guard.

Even in the face of a grim prognosis, watching them always so close makes me fantasize and wish,  ¿why not, a happy ending? where both, Wende and Dotty defeats the psychophysical demons plaguing them, wich, in retreat, surrenders before such love, loyalty, and innocence.


Phobias should be treated earlier.


* Distinguished Physician of the city of Rosario, Argentina. Author of "Ya no es tan grave. La historia de los médicos que enfrentamos al Sida" (It’s Not So Serious Anymore: The Story of the Doctors Who Confronted AIDS) and "Mientras el mundo se transforma. Reflexiones sobre Medicina, Ciencia y Liderazgo" (As the World Transforms: Reflections on Medicine, Science, and Leadership). Holds a Master’s degree in AIDS from the University of Barcelona.

** From the extensive existing literature on this subject, I highlight and recommend "A Psychiatric Perspective on Iatrophobia" (The Journal of Medical Ethics by Nassir Ghaemi et al.), "The Fear of Doctors: A Qualitative Study of Patients' Experiences" ( Patient Education and Counseling by J. M. Taber et al.), and "Cultural Factors in Iatrophobia in a Latino Community" ( Psychiatric Services, by R. A. Davis).

 

lunes, 7 de septiembre de 2026

 

¡ODIO A LOS MÉDICOS!

¿Iatrofobia o Iatromisia? 

 

Dr. Jorge O. Galíndez*

 

Sentada en la camilla, en silencio, Celeste me miraba en tono desafiante mientras no paraba de frotarse con dureza sus temblorosas manos.

Sus padres, sentados frente a mí, me explicaban que, luego de mucha insistencia, había aceptado ver a un médico con la condición de que ella lo eligiera y que mi nombre surgió porque una compañera de la facultad de arquitectura le contó que yo “era tranquilo” y que esa referencia, como una invocación mágica, la ayudó a definirse a venir.

El motivo de la consulta era serio; marcada pérdida de peso y “ganglios grandes en todo el cuello” que llevaban meses acentuándose.

Al verla tan a la defensiva, me acerqué lentamente y le dije “Tranquila, no pasa nada, sólo voy a…”



¡No pude terminar la frase!

Saltó de la camilla con la cara desencajada,  corrió y mientras abría la puerta para huir, me gritó:

¡”Te odio, te odio a vos y odio a todos los médicos”!

Su madre corrió tras ella y al borde del llanto alcanzó a decirme,

“Perdónenos doctor, ya no sabemos qué hacer con esta chica, le tiene fobia a los médicos”

Héctor, su papá trataba de mantener la calma pero no podía dejar de culparse “Hace unos meses que venimos notando que se  nos viene abajo pero no quiere saber nada con los médicos. Ahora se decidió y mire que papelón nos ha hecho pasar”



Debo reconocer que era la primera vez que me enfrentaba a una situación semejante.

¿Estaba en presencia de una paciente con Iatrofobia  o con Iatromisia?

Desde la perspectiva psiquiátrica la iatrofobia es un miedo irracional mientras que, iatromisia refiere al rechazo activo consciente hacia los médicos.

Los datos eran contradictorios, ella había dicho que nos odiaba pero su madre lo refirió como fobia a los médicos.



Me incliné hacia el primer diagnóstico.

Consecuentemente, ¿No había cometido un grosero error al decirle:

“Tranquila, no pasa nada”?

Debí saber que minimizar la extrema angustia que sobrelleva un fóbico dispara las crisis y produce exactamente el efecto contrario al deseado.

Sin dudas eso fue lo que pasó!

El desafío planteado era ¿Cómo abordar esta compleja situación que conjugaba una probable enfermedad clínica grave relegada peligrosamente a un segundo plano por un trastorno de salud mental?

No había margen. Ambas debían ser abordadas simultáneamente.

Dos ejemplos que nos podían ayudar para no repetir errores fueron los casos de Michael Jackson que, a pesar de su  inmensa fortuna, vivía paranoicamente recluido afectado por un miedo inmanejable a las enfermedades y los médicos y el de Marlon Brando que no ocultaba su  odio a los médicos y a la medicina convencional.



En ambos casos no se realizaron a tiempo los tratamientos indispensables que podrían, al menos, haber mejorado su calidad de vida.

Volvamos a Celeste.

Los tiempos apremiaban, Celeste se negaba a volver a la clínica por lo que consulté con una reconocida psicóloga y juntos decidimos, previo consentimiento, ir nosotros a su casa.

Las  reuniones tienen lugar en su dormitorio, con la puerta abierta, sin sus padres pero siempre acompañada por “China” su imponente mascota  que sin alejarse de ella en ningún momento, nos recibe siempre con cautela, cara de poco amigos y permanentemente atenta a cada uno de nuestros movimientos como sí nada la convenciera totalmente de nuestra condición de “amigos”.



Con el paso de los días Celeste aceptó que instalásemos allí mismo un sistema de internación domiciliaria que nos permitiera avanzar lo más rápido posible en el diagnóstico y además, admitió un acompañante terapéutico cada vez que se necesitara examinarla, realizar  extracciones de sangre y lo más importante, la biopsia de una de sus adenopatías.

Los avances eran mínimos, sin embargo, tras varias visitas, logramos establecer una mejor conexión, de estar lista para huir pasamos a momentos en los que sonreía levemente. A medida que las sesiones progresaban empezó a relajar sus defensas y aunque sus temores seguían presentes, se volvió más receptiva.

Pasaron tres meses de la primera cita, hoy cumplió el tercer ciclo de quimioterapia, su voz es frágil pero, sobreponiéndose a sus miedos, se esfuerza en transmitir  fe y esperanza. 

Ambos sabemos que el estado general no es bueno, y que  producto de  lo avanzado de su enfermedad y lo tardío del inicio del tratamiento, el  pronóstico sigue siendo incierto pero no todo está perdido y vamos a estar juntos en la pelea.

La última vez que la visité "China" seguía firme e inquebrantable a su lado. Un  verdadero pilar de fuerza, que parece atraerla a la vida. Eso sí, siempre en guardia.



Aún ante  lo ominoso del pronóstico,  al verlas siempre juntas, me gusta fantasear un final feliz donde  ambas derrotan los demonios psicofísicos que las acosan y que éstos, en retroceso, se rinden ante tanto amor, fidelidad y pureza.




Las fobias deben ser tratadas

tempranamente.

LECTURAS RECOMENDADAS

De la abundante bibliografía existente sobre este tema rescato y sugiero A Psychiatric Perspective on Iatrophobia publicado en el Journal of Medical Ethics por Nassir Ghaem y cols, The Fear of Doctors: A Qualitative Study of Patients' Experiences, publicado en  Patient Education and Counseling por Taber, J. M y cols. y Cultural Factors in Iatrophobia in a Latino Community publicado en Psychiatric Services, por Davis,R. A.


* Médico Distinguido de la ciudad de Rosario. Autor de “Ya no es tan grave. La historia de los médicos que enfrentamos al Sida” y “Mientras el mundo se transforma. Reflexiones sobre Medicina, Ciencia y Liderazgo”. Master en Sida de la Universidad de Barcelona.