jueves, 22 de enero de 2026

 

“LO QUE NANTURA NON DA, SALAMANCA NON PRESTA“

¿En esta Era Digital, a la hora de la formación profesional, el refrán mantiene su vigencia?

Dr. Jorge O. Galíndez*

 

Recuerdo que antes de ponernos a estudiar teníamos la rutina de tomar unos mates temprano a la mañana los tres juntos: Ernesto, su hermano Luis y yo en el departamento de la calle Laprida casi Mendoza de Rosario donde ellos vivían.

Finalizado ese pequeño ritual, Ernesto y yo nos quedábamos sentados en la mesa del comedor frente a frente y Luis se dirigía a su  habitación en busca de concentración en soledad.

Éramos, como tantos otros, jóvenes desconocidos que transitábamos llenos de ideales los pasillos de la Facultad de Medicina.

Corrían los primeros años de la década del setenta, y cursábamos, bajo la dictadura militar, el ciclo básico de la carrera de Medicina.



Recuerdo que yo tenía una “cartuchera” con lápices de distintos colores y fibrones para resaltar; él, nada.

En la medida que pasaban las horas el contraste de nuestra actitud  se notaba con mayor nitidez! Mientras mis apuntes se llenaban de tachaduras, frases subrayadas, palabras remarcadas, coloreadas y escritos en los márgenes; los de él, nada.

Sin embargo, la diferencia aún mayor que debo reconocer, me angustiaba,  era mi necesidad de volver una y otra vez sobre páginas recién leídas para recordar y  afianzar los conocimientos; él, nunca volvía atrás.

La recompensa era que puntualmente a las once y media poníamos los libros sobre las sillas e improvisábamos una mini mesa de  Ping-Pong donde  armábamos unos memorables partidazos!



Llegado el momento de los exámenes los dos aprobábamos pero él siempre tenía  mejores notas. En lo que respecta al tenis de mesa, los resultados eran parejos pero, para mí consuelo, con  una leve ventaja mía!

Analicemos el refrán y luego veamos como terminó esa historia con mi querido compañero de estudios.

Cruel, irónico y despectivo, pero muy realista, el famoso dicho al que hago referencia en el título, nos recuerda desde hace más de 600 años que la inteligencia, el talento natural incluso la belleza misma sino son innatas, ni el mayor esfuerzo ni la mejor educación del mundo puede suplirlas del todo.



Entre los siglos XIII-XVI, Salamanca junto con Bolonia, París y Oxford, era uno de los más prestigiosos centros de estudios al que acudían con grandes expectativas jóvenes de toda Europa con la certeza de que estudiando y esforzándose  mucho y bajo la tutela de famosos profesores se convertirían en sabios.

                                        

Pronto la enorme mayoría de ellos caían en la cuenta que por mucho que estudiaran y asistieran a clases magistrales y sus conocimientos aumentaran de manera superlativa había algo distintivo que nunca podrían lograr.



Ahora bien, volvamos a nuestro tiempo,

¿Qué tal si nos hacemos estrictos en el lenguaje respecto a la palabra “presta” y dejamos de lado el significado e intencionalidad original, “dar, brindar” y la utilizamos  como lo que es, un préstamo de capacidades que nunca serán dones propios?

¿Podríamos afirmar  que en este siglo XXI la Inteligencia Artificial nos presta por un rato conocimientos y razonamientos pero que no son definitivos sino información transitoria que olvidaremos en algún momento?

Profundizando, ¿No deberíamos actualizar el refrán invirtiendo totalmente su sentido original? y afirmar que ahora “Lo que nantura non da, la inteligencia artificial nos lo vende”?



Sin dudas el cambio de paradigma que estamos viviendo nos obliga a asumir nuestra propia impotencia ante la omnipresencia de esta nueva versión de la Salamanca todopoderosa pero que, esta vez sí, por un dinero, es capaz de generar enciclopedistas de modestos estudiosos.

Hace un tiempo durante mi participación en Jerusalén del “Regional Training Workshop on HIV/AIDS Education in the Middle East” me reencontré con mi amigo Ernesto, ahora Eran Goldín**, al que no había visto por años. Recibí gustoso la invitación a visitar el Hospital Hadassah, sin dudas el más importante de Oriente Medio, donde él se desempeñaba como Director del Departamento de Gastroenterología



 y luego a cenar Shakshuka, cocinada especialmente por Lily, su esposa, en la confortable casa que tenían en la zona residencial de Jerusalén.

La conversación llena de recuerdos y anécdotas me animó a preguntarle “Eran, ¿Cómo hacías para estudiar de forma tan fluida, sin necesidad de ayudas y como es que nunca volvías atrás en la lectura?



Sorprendido por la pregunta que llevaba, para mí, tantos años sin respuesta, sonrió francamente y me dijo, “Jorge, no me sobrevalores, no soy ningún genio, cuando leo un tema, cualquier tema, se con seguridad cuales van a ser las preguntas que eventualmente voy a tener que  responder. Lo demás lo descarto todo….

La caminata de vuelta al hotel en una cálida noche de verano en Jerusalén me sirvió para reflexionar sobre esa incógnita que me persiguió durante años. No era mayor coeficiente intelectual, no era mayor capacidad de memoria, sencillamente era un razonamiento básico que le permitía evadir la maraña de información secundaria con que nos abruman y sólo centrarse en lo medular.



Por eso Eran, me enorgullezco al decirte que  vos sos de aquellos que tienen “ese algo distintivo” que Salamanca non presta y que afortunadamente, al menos por ahora, el refrán se encuentra plenamente vigente!  

 

*Médico Distinguido de la ciudad de Rosario. Master en Sida de la Universidad de Barcelona. Autor de “Ya no es tan grave, la historia de los médicos que enfrentamos al sida” y “Mientras el mundo se transforma. Reflexiones sobre Medicina, Ciencia y Liderazgo”.

** Head Gastroenterology at Shaare Zedek Medical Center, Jerusalén.

 

 

 

 

 

 

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