“POR FAVOR NO TE QUIEBRES”
Un análisis del llanto en los hombres.
De la austeridad estoica a un acto de coraje.
Dr.
Jorge O. Galíndez*
“No vayas a llorar, no
te quiebres”, me susurró María Rosa, mi esposa, sentada a mi lado justo cuando me
paraba tras ser convocado al estrado para recibir un Reconocimiento Profesional
que consideraba trascendental en mi carrera.
Bien sabe ella con qué facilidad me invade el llanto, muchas veces por cuestiones ínfimas, que me son tan difíciles de explicar.
Más adelante veremos cómo siguió ese inolvidable momento.
Siempre me ha parecido injusta esa máxima no escrita por el cual al hombre no le es conveniente que se lo vea llorar. No mostrar una emoción, aún en momentos claves de la vida, parece ser el precepto que, de no ser cumplido, nos pone en serio riesgo de tener que escuchar en un lenguaje lleno de prejuicios culturales, la sentencia de esas dos palabras que tanto significado negativo tienen.
Se
quebró!!!"
En circunstancias en las que siento súbita felicidad, muchas
veces difícil de explicar racionalmente, me comporto como un llorón
incorregible y como consecuencia siempre
me ha fascinado intentar entender este
fenómeno incontrolable lo que me llevó a buscar, en primer lugar, la
respuesta en la fisiología. Allí reparé
que la función reguladora del sistema nervioso parasimpático liberando
neurotransmisores que luego estimulan
las glándulas lagrimales es la que provoca el incontrolable llanto
emocional ante este tipo de situaciones nimias pero, felices al fin que, sin
dudas, expresan nuestros sentimientos más profundos.
Pero el tema es aún más complejo ya que el fenómeno
fisiológico no alcanza para explicar el porqué de nuestras emociones que lo
preceden y los secretos de nuestra experiencia inconsciente a los que
deberíamos sumar, para complicar aún más la situación, los contextos sociales y
culturales que nos rodean.
Profundicemos, ¿Cuál es el significado implícito que conlleva
expresar “se quebró”?
A través de los tiempos, la expectativa de que los hombres se
mantengan fuertes y contengan sus emociones ha estado presente en las más
diversas culturas.
Diametralmente opuesto es el análisis mucho más actual de ese
“quiebre” emocional que hacen aquellos que invocan hoy los defensores de la
igualdad de género que lo interpretan como un acto de coraje y un desafío a las
llamadas normas de género asegurando que llorar en público aleja de forma
saludable a los hombres de lo que dan en
llamar “masculinidad tóxica”,
terminología que explican es históricamente, la promotora de la supresión
emocional.
Por otro lado no dudan en expresar que ese llanto emocional
contribuye también al debate sobre cómo las normas sociales deben evolucionar y
aceptar como naturales una gama más amplia de expresiones emocionales.
Con sus pros y sus contras éstas dos desafortunadas palabras
siguen inquietándome y me incitan a la búsqueda permanente de encontrar una
frase que reemplace esa sentencia y que transmita el significado positivo
de la profundidad psicológica que
expresa el llanto.
“El alma
que se le asomó a los ojos”
De vuelta al atril, donde estaba disertando tranquilo,
de forma coloquial y con voz segura. Era la tercera vez que la ciudad reconocía
mi trabajo y el Recinto de Sesiones del
Concejo Municipal estaba colmado de
familiares, colegas, amigos, ediles y funcionarios
Todo cambió cuando llegó el momento final, el de los
agradecimientos, y fue allí cuando me atravesó como una puñalada la imagen de
dos sillas vacías.
Nada sirvió, las lágrimas aparecieron silenciosas y
cristalinas y ya entre vergonzosos
sollozos recité las simples palabras que había escrito en la dedicatoria
del libro y, con la mejor voz que pude dije,
“Esto
es para Uds. mis queridos viejos”!
¡Que me voy a quebrar, María Rosa! Sólo los estaba honrando con lágrimas!
* Médico Distinguido de la ciudad de Rosario.
Autor de “Ya no es tan grave. La historia de los médicos que enfrentamos al
sida” y “Mientras el mundo se transforma. Reflexiones sobre Medicina, Ciencia y
Liderazgo”
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