¡ODIO A LOS MÉDICOS!
¿Iatrofobia o Iatromisia?
Dr. Jorge O. Galíndez*
Sentada en la camilla, en
silencio, Celeste me miraba en tono desafiante mientras no paraba de frotarse
con dureza sus manos.
Sus padres, sentados frente a
mí, me explicaban que, luego de mucha insistencia, había aceptado ver a un
médico con la condición de que ella lo eligiera y que mi nombre surgió porque
una compañera de la facultad de arquitectura le contó que yo “era tranquilo”.
El motivo de la consulta era serio;
marcada pérdida de peso y “ganglios grandes en todo el cuello” que llevaban
meses acentuándose.
Al verla tan a la defensiva, me
acerqué lentamente y le dije “Tranquila, no pasa nada, sólo voy a…”
No pude terminar la frase!
Saltó de la camilla con la cara
desencajada, corrió y mientras abría la
puerta para huir, me gritó:
“Te odio, te odio a vos y odio a
todos los médicos”!!
Su madre corrió tras ella y al
borde del llanto alcanzó a decirme,
“Perdónenos doctor, ya no
sabemos qué hacer con esta chica, le tiene fobia a los médicos”
Héctor, su papá trataba de
mantener la calma pero no podía dejar de culparse “Hace unos meses que venimos
notando que se nos viene abajo pero no
quiere saber nada con los médicos. Ahora se decidió y mire que papelón nos ha
hecho pasar”
Debo reconocer que era la
primera vez que me enfrentaba a una situación semejante.
¿Estaba en presencia de una
paciente con Iatrofobia o con Iatromisia?
Desde la perspectiva psiquiátrica la iatrofobia es un miedo irracional mientras que, iatromisia refiere al rechazo activo consciente hacia los médicos.
Los datos eran contradictorios,
ella había dicho que nos odiaba pero
su madre los refirió como fobia a los
médicos.
Me incliné hacia el primer
diagnóstico.
Consecuentemente, ¿No había
cometido un grosero error al decirle:
“Tranquila, no pasa nada”?
Debí saber que minimizar la extrema
angustia que sobrelleva un fóbico dispara las crisis y produce exactamente el
efecto contrario al deseado.
Sin dudas eso fue lo que pasó!
El desafío planteado era ¿Cómo
abordar esta compleja situación que conjugaba una probable enfermedad clínica
grave relegada peligrosamente a un segundo plano por un trastorno de salud
mental?
No había margen. Ambas debían
ser abordadas simultáneamente.
Dos ejemplos que nos podían
ayudar para no repetir errores fueron los casos de Michael Jackson que, a pesar
de su inmensa fortuna, vivía
paranoicamente recluido afectado por un miedo inmanejable a las enfermedades y
los médicos y el de Marlon Brando que no ocultaba su odio a los médicos y a la medicina
convencional.
En ambos casos no se realizaron
a tiempo los tratamientos indispensables que podrían, al menos, haber mejorado su
calidad de vida.
De la abundante bibliografía
existente sobre este tema rescato y sugiero A
Psychiatric Perspective on Iatrophobia publicado en el Journal of Medical
Ethics por Nassir Ghaem y cols, The Fear
of Doctors: A Qualitative Study of Patients' Experiences, publicado en Patient Education and Counseling por Taber,
J. M y cols. y Cultural Factors in
Iatrophobia in a Latino Community publicado en Psychiatric Services, por
Davis,R. A.
Volvamos a Celeste.
Los tiempos apremiaban, Celeste
se negaba a volver a la clínica por lo que consulté con una reconocida
psicóloga y juntos decidimos, previo
consentimiento, ir nosotros a su casa.
Las reuniones tienen lugar en su dormitorio, con
la puerta abierta, sin sus padres pero siempre acompañada por “China” su
imponente mascota que sin alejarse de
ella en ningún momento, nos recibe siempre con cautela, cara de poco amigos y
permanentemente atenta a cada uno de nuestros movimientos como sí nada la
convenciera totalmente de nuestra condición de “amigos”.
Con el paso de los días Celeste
aceptó que instalásemos allí mismo un sistema de internación domiciliaria que
nos permitiera avanzar lo más rápido posible en el diagnóstico y además,
admitió un acompañante terapéutico cada vez que se necesitara examinarla,
realizar extracciones de sangre y lo más
importante, la biopsia de una de sus adenopatías.
Los avances eran mínimos, sin
embargo, tras varias visitas, logramos establecer una mejor conexión. A medida
que las sesiones progresaban empezó a relajar sus defensas y aunque sus temores
seguían presentes, se volvió más receptiva.
Pasaron tres meses de la primera
cita, hoy cumplió el tercer ciclo de quimioterapia. Su estado general no es
bueno, y su pronóstico es incierto dado
lo avanzado de su enfermedad y lo tardío del inicio del tratamiento.
La última vez que la visité
"China" seguía, a su lado firme e inquebrantable, pero siempre en
guardia.
Aún ante lo ominoso del pronóstico, al verlas siempre juntas, me gusta fantasear
un final feliz donde ambas derrotan los
demonios psicofísicos que las acosan y que éstos, en retroceso, se rinden ante
tanto amor, fidelidad y pureza.
Las fobias deben ser
tratadas
tempranamente.
* Médico
Distinguido de la ciudad de Rosario. Autor de “Ya no es tan grave. La historia
de la médicos que enfrentamos al Sida” y “Mientras el mundo se transforma.
Reflexiones sobre Medicina, Ciencia y Liderazgo”. Master en Sida de la
Universidad de Barcelona.
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